Me dan ganas de salir a buscarte. Pero no le temo tanto al no encontrarte o al que no me dejen verte, como el que tú no quieras verme. Ahora sólo puedo limitarme a imaginar como estarás, y donde, y con quien. Tal vez sea mejor así. No tan doloroso. Escucho a Ximena (Sariñana) y recuerdo que a los dos nos gustaba. O al menos tú fingias muy bien. Buscar en la ciudad... El D.F. jamás me pareció tan frío, tan desolado, tan cruel. Me torturan sus calles llenas de posibles recuerdos. Lo que me duele ahora no es tanto el sentirme apabullado por recuerdos que me aten a tu lado, sino el no tener los suficientes. Pudimos haber ido a... Te hubiera dedicado esta canción... en ese momento cuando... y tú tan cerca... y tu vientre tan pálido, tan suave y firme a la vez... y tu voz incitandome a actuar, a acercar la cabeza y morder los contornos de tu ombligo... y como temblabas alrededor de la medianoche cuando soplaba suavemente en tu oído y como el miedo y el recato y la culpa y la falta de autoestima te llevaban a levantarte incómoda y nerviosa... tan llena de deseos que no podías ni contener ni desahogar ni satisfacer ni explicar...
Me muero de miedo cada noche, y despierto reconstruido por la ira. Y al mediodía no sé que hacer. Si salir a gritar tu nombre, con la esperanza de que tus oíos aún no estén sordos a mi súplica, o si hundirme en el fango y quedarme quieto callado asfixiado muerto.
Miedo de no volver a sentir. Miedo de que la ciudad te trague, que te quite el dulce encanto de la cara. Miedo de los dedos que ahora pueden explorar tu piel. Descubrirla. Miedo de la desnudez de tu cuerpo en una habitación que no es la mía. Miedo, y celos, y los brazos de muñeca rota que me hacen escribir. Y todo lo demás también.
Y la rabia, la ira. Por las mismas razones y otras tantas. Por no haber sabido reneterte, por no haber construido el paraíso que a susurros me pedías. Por no haber sido más fuerte, por no saber tragar mis palabras en favor de las caricias. Debí haber amado más, hablado menos, callado.
Lo peor radica en el placer de la condena. Es pasión, delirio... Y la pena. La sensualidad de tenerte cerca, y el inminente cosquilleo que siento en la entrepierna cuando te recuerdo y cuando te imagino y cuando indago en tu pasado y cuando te desprecio por lo ordinario de tu aspecto y cuando siento celos de hombres imaginarios que te hablan al oído y que pagan la cuenta en algún restaurante (espantosamente decorado, de eso no me cabe duda) y que fingen ser fans de Kudai para llevarte a la cama. Y lloro al darme cuenta de que lo que necesitabas no era mi amor sincero y politicamente incorrecto, ni mis arranques de pasión que no sabían de tiempo, ni lugar; ni mis poemas vicerales que dejabas perdidos en la oscuridad de tu mala memoria, ni mis deseos de verte convertido en un ángel de alas resplandecientes, ni mis intenciones de llevarte bailando al final del amor. No. No necesitabas eso. No lo necesitas. No lo necesitarás. Necesitas un engaño barato y una solución temporal. Necesitas un amor de dos semanas, un affair sin importancia, alguien con quien ir al cine todos los viernes, con quien tararear la canción que acabas de escuchar en Telehit.
Yo buscaba la eternidad a tu lado, tú solo buscabas como pasar el rato y no sentirte tan sola.
(Aquella situación se parecía tanto a la actual. Aquella vez todo se veía oscuro,y todo terminó por resolverse satisfactoriamente. Espero que ahora pase lo mismo... por lo menos ahora estamos en la misma ciudad...)
martes, 5 de octubre de 2010
Nostalgias rezagadas (I)
Y llegas a casa con una docena de Jack Daniel's encima. Y te echas sobre la cama, y prendes el televisor, y presionas mute, y de los audifonos del IPod sale la voz de la Pastori haciendo que el dolor que traes de meses atrás en el pecho se aligere hasta el punto de comenzar a flotar como una nube que primero es negra, después gris y que al final de la jornada, más o menos a las seís de la mañana, será una ligero velo azul que irá de un lado a otro de la habitación flotando al ras del techo.
Esa voz te trae recuerdos. Esa voz te traslada a un lugar en el que nunca has estado, y al que, sin embargo, sientes que pertenece todo tu cuerpo, todo el vacío de tu pecho, tus premoniciones y deseos, tus remebranzas y recuerdos. Ese sitio está allí, al final del pasillo, pero estás ciego y un poquito ebrio y te quedas sobre la cama, mirando la nube cada vez más cerca de tu frente, cada vez más suave, más carnal, mas endeble.
Y esa voz gitana y trashumante te sigue en tu recorrido por la nada debajo de tu cama. Pasas por aquí y por allá, y la penumbra se disipa mientras tus manos acarician con ternura la piel que tu memoria se ha inventado. Sabes bien que ella no es como la recuerdas, sabes perfectamente que no ganaría un certamen de belleza, que sus carnes no son firmes y que su mirada es escueta, pero te intriga escuchar de nuevo su voz y descubrir si el comer tres veces al día ha hecho etragos en sus ya de por si maltrecha figura.
Te preguntas, no sin preocupación, rabia y ternura, si vomita más o menos que antes; si su cabello tiene aún las puntas abiertas o si su lunar, como un insecto que intenta devorar su nariz, sigue quieto en mitad de los ojos, esperando paciente a que un invasor se acerque para ahuyentarlo con lo grotesco de su apariencia.
El lunar después de todo es tu complice. Es que el que habrá de combatir a los posibles invasores, el que resguardara el endeble castillo de la pureza. ¿Irá ella supliando por amor como antes? ¿Porqué si es tan fácil como has concluido te ha costado mas de un mes darle un beso francés y revolotear tu lengau dentro de su boca? ¿Porqué a ti no te ha dicho que vivía en el edificio de allá, allí donde está el número seís [6]? ¿Porqué no ha intentado besarte en el mismo momento que te ha conocido? ¿Porque? Tal vez sea una virgen que juega a ser puta cuando el calor de su entrepierna la nubla la vista, o tal vez una puta que juega a ser virgen cuando el fajar con cualquiera le ha asqueado y quiere sentir por primera vez lo que se siente ser tocada con amor, con dulzura y destreza.
Ah, tal vez no sea nadie. Tal vez haya sido un espejismo, que ahora es doloroso porque ha durado muy poco, o quizás demasiado.
Escucha otra vez Burbujas de Amor, la versión de Niña Pastori, por supuesto, deja de pensar y quedate dormido Rubén, que te hace falta.
(Esto lo escribi hace casi un año. Lo triste es que muy poco ha cambiado. Sigo sumergido en el mismo charco de mierda.)
Esa voz te trae recuerdos. Esa voz te traslada a un lugar en el que nunca has estado, y al que, sin embargo, sientes que pertenece todo tu cuerpo, todo el vacío de tu pecho, tus premoniciones y deseos, tus remebranzas y recuerdos. Ese sitio está allí, al final del pasillo, pero estás ciego y un poquito ebrio y te quedas sobre la cama, mirando la nube cada vez más cerca de tu frente, cada vez más suave, más carnal, mas endeble.
Y esa voz gitana y trashumante te sigue en tu recorrido por la nada debajo de tu cama. Pasas por aquí y por allá, y la penumbra se disipa mientras tus manos acarician con ternura la piel que tu memoria se ha inventado. Sabes bien que ella no es como la recuerdas, sabes perfectamente que no ganaría un certamen de belleza, que sus carnes no son firmes y que su mirada es escueta, pero te intriga escuchar de nuevo su voz y descubrir si el comer tres veces al día ha hecho etragos en sus ya de por si maltrecha figura.
Te preguntas, no sin preocupación, rabia y ternura, si vomita más o menos que antes; si su cabello tiene aún las puntas abiertas o si su lunar, como un insecto que intenta devorar su nariz, sigue quieto en mitad de los ojos, esperando paciente a que un invasor se acerque para ahuyentarlo con lo grotesco de su apariencia.
El lunar después de todo es tu complice. Es que el que habrá de combatir a los posibles invasores, el que resguardara el endeble castillo de la pureza. ¿Irá ella supliando por amor como antes? ¿Porqué si es tan fácil como has concluido te ha costado mas de un mes darle un beso francés y revolotear tu lengau dentro de su boca? ¿Porqué a ti no te ha dicho que vivía en el edificio de allá, allí donde está el número seís [6]? ¿Porqué no ha intentado besarte en el mismo momento que te ha conocido? ¿Porque? Tal vez sea una virgen que juega a ser puta cuando el calor de su entrepierna la nubla la vista, o tal vez una puta que juega a ser virgen cuando el fajar con cualquiera le ha asqueado y quiere sentir por primera vez lo que se siente ser tocada con amor, con dulzura y destreza.
Ah, tal vez no sea nadie. Tal vez haya sido un espejismo, que ahora es doloroso porque ha durado muy poco, o quizás demasiado.
Escucha otra vez Burbujas de Amor, la versión de Niña Pastori, por supuesto, deja de pensar y quedate dormido Rubén, que te hace falta.
(Esto lo escribi hace casi un año. Lo triste es que muy poco ha cambiado. Sigo sumergido en el mismo charco de mierda.)
martes, 28 de septiembre de 2010
Entrevista Faulkner (I)
-¿Existe alguna fórmula que sea posible seguir para ser un buen novelista?
-99% de talento... 99% de disciplina... 99% de trabajo. El novelista nunca debe sentirse satisfecho con lo que hace. Lo que se hace nunca es tan bueno como podría ser. Siempre hay que soñar y apuntar más alto de lo que uno puede apuntar. No preocuparse por ser mejor que sus contemporáneos o sus predecesores. Tratar de ser mejor que uno mismo. Un artista es una criatura impulsada por demonios. No sabe por qué ellos lo escogen y generalmente está demasiado ocupado para preguntárselo. Es completamente amoral en el sentido de que será capaz de robar, tomar prestado, mendigar o despojar a cualquiera y a todo el mundo con tal de realizar la obra.
-¿Quiere usted decir que el artista debe ser completamente despiadado?
-El artista es responsable sólo ante su obra. Será completamente despiadado si es un buen artista. Tiene un sueño, y ese sueño lo angustia tanto que debe librarse de él. Hasta entonces no tiene paz. Lo echa todo por la borda: el honor, el orgullo, la decencia, la seguridad, la felicidad, todo, con tal de escribir el libro. Si un artista tiene que robarle a su madre, no vacilará en hacerlo...
-Entonces la falta de seguridad, de felicidad, honor, etcétera, ¿sería un factor importante en la capacidad creadora del artista?
-No. Esas cosas sólo son importantes para su paz y su contento, y el arte no tiene nada que ver con la paz y el contento.
-Entonces, ¿cuál sería el mejor ambiente para un escritor?
-El arte tampoco tiene nada que ver con el ambiente; no le importa dónde está. Si usted se refiere a mí, el mejor empleo que jamás me ofrecieron fue el de administrador de un burdel. En mi opinión, ese es el mejor ambiente en que un artista puede trabajar. Goza de una perfecta libertad económica, está libre del temor y del hambre, dispone de un techo sobre su cabeza y no tiene nada qué hacer excepto llevar unas pocas cuentas sencillas e ir a pagarle una vez al mes a la policía local. El lugar está tranquilo durante la mañana, que es la mejor parte del día para trabajar. En las noches hay la suficiente actividad social como para que el artista no se aburra, si no le importa participar en ella; el trabajo da cierta posición social; no tiene nada qué hacer porque la encargada lleva los libros; todas las empleadas de la casa son mujeres, que lo tratarán con respeto y le dirán "señor". Todos los contrabandistas de licores de la localidad también le dirán "señor". Y él podrá tutearse con los policías. De modo, pues, que el único ambiente que el artista necesita es toda la paz, toda la soledad y todo el placer que pueda obtener a un precio que no sea demasiado elevado. Un mal ambiente sólo le hará subir la presión sanguínea, al hacerle pasar más tiempo sintiéndose frustrado o indignado. Mi propia experiencia me ha enseñado que los instrumentos que necesito para mi oficio son papel, tabaco, comida y un poco de whisky.
-¿Bourbon?
-No, no soy tan melindroso. Entre escocés y nada, me quedo con escocés.
-Usted mencionó la libertad económica. ¿La necesita el escritor?
-No. El escritor no necesita libertad económica. Todo lo que necesita es un lápiz y un poco de papel. Que yo sepa nunca se ha escrito nada bueno como consecuencia de aceptar dinero regalado. El buen escritor nunca recurre a una fundación. Está demasiado ocupado escribiendo algo. Si no es bueno de veras, se engaña diciéndose que carece de tiempo o de libertad económica. El buen arte puede ser producido por ladrones, contrabandistas de licores o cuatreros. La gente realmente teme descubrir exactamente cuántas penurias y pobreza es capaz de soportar. Y a todos les asusta descubrir cuán duros pueden ser. Nada puede destruir al buen escritor. Lo único que puede alterar al buen escritor es la muerte. Los que son buenos no se preocupan por tener éxito o por hacerse ricos. El éxito es femenino e igual que una mujer: si uno se le humilla, le pasa por encima. De modo, pues, que la mejor manera de tratarla es mostrándole el puño. Entonces tal vez la que se humille será ella.
Después de leer esto me doy cuenta, es hora de dejar la mierda a un lado y ponerse a escribir. Uno se pone sus propias trampas, uno le da motivos al fracaso. Que si el amor, que si su ausencia... Que si el tiempo, que si el dinero... Hay que escribir, golpear el teclado con furia, prender cada vocablo con fuego.
Hay que hacer y dejar de ser. Los fantasmas no conocen de placer o permanencia.
-99% de talento... 99% de disciplina... 99% de trabajo. El novelista nunca debe sentirse satisfecho con lo que hace. Lo que se hace nunca es tan bueno como podría ser. Siempre hay que soñar y apuntar más alto de lo que uno puede apuntar. No preocuparse por ser mejor que sus contemporáneos o sus predecesores. Tratar de ser mejor que uno mismo. Un artista es una criatura impulsada por demonios. No sabe por qué ellos lo escogen y generalmente está demasiado ocupado para preguntárselo. Es completamente amoral en el sentido de que será capaz de robar, tomar prestado, mendigar o despojar a cualquiera y a todo el mundo con tal de realizar la obra.
-¿Quiere usted decir que el artista debe ser completamente despiadado?
-El artista es responsable sólo ante su obra. Será completamente despiadado si es un buen artista. Tiene un sueño, y ese sueño lo angustia tanto que debe librarse de él. Hasta entonces no tiene paz. Lo echa todo por la borda: el honor, el orgullo, la decencia, la seguridad, la felicidad, todo, con tal de escribir el libro. Si un artista tiene que robarle a su madre, no vacilará en hacerlo...
-Entonces la falta de seguridad, de felicidad, honor, etcétera, ¿sería un factor importante en la capacidad creadora del artista?
-No. Esas cosas sólo son importantes para su paz y su contento, y el arte no tiene nada que ver con la paz y el contento.
-Entonces, ¿cuál sería el mejor ambiente para un escritor?
-El arte tampoco tiene nada que ver con el ambiente; no le importa dónde está. Si usted se refiere a mí, el mejor empleo que jamás me ofrecieron fue el de administrador de un burdel. En mi opinión, ese es el mejor ambiente en que un artista puede trabajar. Goza de una perfecta libertad económica, está libre del temor y del hambre, dispone de un techo sobre su cabeza y no tiene nada qué hacer excepto llevar unas pocas cuentas sencillas e ir a pagarle una vez al mes a la policía local. El lugar está tranquilo durante la mañana, que es la mejor parte del día para trabajar. En las noches hay la suficiente actividad social como para que el artista no se aburra, si no le importa participar en ella; el trabajo da cierta posición social; no tiene nada qué hacer porque la encargada lleva los libros; todas las empleadas de la casa son mujeres, que lo tratarán con respeto y le dirán "señor". Todos los contrabandistas de licores de la localidad también le dirán "señor". Y él podrá tutearse con los policías. De modo, pues, que el único ambiente que el artista necesita es toda la paz, toda la soledad y todo el placer que pueda obtener a un precio que no sea demasiado elevado. Un mal ambiente sólo le hará subir la presión sanguínea, al hacerle pasar más tiempo sintiéndose frustrado o indignado. Mi propia experiencia me ha enseñado que los instrumentos que necesito para mi oficio son papel, tabaco, comida y un poco de whisky.
-¿Bourbon?
-No, no soy tan melindroso. Entre escocés y nada, me quedo con escocés.
-Usted mencionó la libertad económica. ¿La necesita el escritor?
-No. El escritor no necesita libertad económica. Todo lo que necesita es un lápiz y un poco de papel. Que yo sepa nunca se ha escrito nada bueno como consecuencia de aceptar dinero regalado. El buen escritor nunca recurre a una fundación. Está demasiado ocupado escribiendo algo. Si no es bueno de veras, se engaña diciéndose que carece de tiempo o de libertad económica. El buen arte puede ser producido por ladrones, contrabandistas de licores o cuatreros. La gente realmente teme descubrir exactamente cuántas penurias y pobreza es capaz de soportar. Y a todos les asusta descubrir cuán duros pueden ser. Nada puede destruir al buen escritor. Lo único que puede alterar al buen escritor es la muerte. Los que son buenos no se preocupan por tener éxito o por hacerse ricos. El éxito es femenino e igual que una mujer: si uno se le humilla, le pasa por encima. De modo, pues, que la mejor manera de tratarla es mostrándole el puño. Entonces tal vez la que se humille será ella.
Después de leer esto me doy cuenta, es hora de dejar la mierda a un lado y ponerse a escribir. Uno se pone sus propias trampas, uno le da motivos al fracaso. Que si el amor, que si su ausencia... Que si el tiempo, que si el dinero... Hay que escribir, golpear el teclado con furia, prender cada vocablo con fuego.
Hay que hacer y dejar de ser. Los fantasmas no conocen de placer o permanencia.
viernes, 24 de septiembre de 2010
Catorce Segundos de Paz
He perdido el deseo sexual. El deseo sexual por otras mujeres. Ella sigue presente. Presente en mi libido. Presente en la punta del pene. Siempre lista para entrar, para hendir, para atacar, como la punta afilada de un espada. Get off of that bed, wash your face and hands. I just want some woman to do just what I say. Todos somos misóginos necesitados de vez en cuando. Yo ahora lo soy. Necesito al menos un beso de sus labios. Pero el orgullo, orgullo que ella comparte, me hace pensar:
“Si ella no necesita de mis besos…
…a chingar a su madre, porque he de necesitar yo de los suyos”
Pero sus labios son Oh tan rosas. Tan suaves. Tan breves. No el tipo de labios que quisieras que te hicieran una mamada en el coche. Más bien del tipo de labios que quieres que besen tus heridas después de un combate sangriento. Tipo de labios reconfortantes después de la batalla. De esos que cauterizan y cierran y detienen el fluir de la sangre. Es viernes y tengo ganas de una copa. Es viernes y quiero quitarme la ropa y echarme en la alberca y dejarme morir con un highball sobre una charolita plateada que flote entre los pétalos de buganvilia. Esas pinches flores siempre me han gustado. Tan comunes y tan corrientes. Cayendo sin prisa ni pretensiones entre los arbustos. Cuando era niño las cortaba todas/las reunía en una cubeta que después llenaba con agua. Era un aroma definitorio. Aún me persigue. Ella tiene ese aroma. Perfume de mi infancia. Llega ella. Oliendo a casa de mi abuela, allá en Tlaxcala. Oliendo a patio de preescolar donde a gatas organizamos carreras con cochecitos de plástico y metal. Oliendo a comida que no identifico, pero aun saboreo. Un sabor neutro, a nostalgia concentrada y tiempo. Tiene sabor el tiempo. Sabe a ella.
Estoy triste. Y por triste quiero decir encabronado. Y por encabronado quiero decir nostálgico. Y por nostálgico quiero decir enojado. Y por enojado quiero decir con resaca. Y por con resaca quiero decir con fuego en las manos. Y por con fuego en las manos quiero decir que la amo. Amor caprichoso. Ave de plumas escuetas, pero brillantes. Amo y señor de los sueños húmedos y de las pesadillas. Voz de los infiernos pintados con brillantina. Cáliz de néctar que quema nuestra garganta. Y nuestros zapatos desdentados. Y nuestros puños enraizados en las nubes rojas del delirio. Donde paseamos, donde dormimos rodando sobre la cama, como por pendientes inclinadas. Y toboganes, directo a nuestros intestinos enredados.
El amor es un síntoma. Un síntoma físico de un padecimiento peligroso. La locura.
Me creo y me destruyo. Me reconstruyo con el recuerdo fugaz del aroma de tus pechos. Tienes un lunar junto al pezón derecho. Tus pezones son rosas. Perfectos. Y estallan en el momento indicado. Cuando la ola de semen e impulsos nerviosos cubre tu virginidad aferrada. Íbamos a tener un hijo y en lugar de eso fuimos a dar a un limbo cubierto de plástico. Flores de plástico. Vasos de plástico. Rostros y voces de plástico que nos mostraban caminos sin terminar. Pinceladas equívocas en todos los muros.
No me mataste. Y por eso te odio. Quería morir por tu mano. Bajo el poder de tu puño infantil. Sentirme herido de muerte por tu ausencia. Pero todo paso a medias. Medio doloroso. Medio confuso. Medio aterrador. Ahora sólo lloré una vez. Y lloré, como lloran los hombres cuando mueren sus demonios. Como lloran los escritores cuando han dejado sin palabras sus propios epitafios.
Llore. Maricón de mí. Tú lo dijiste. (Me río de ti, pensarás, no has sacrificado nada. Siempre que escucho esa canción de Hello Seahorse, siento como si me la dedicaras)
Lloré. Reventaron mis pupilas. Inundé mundos enteros. Provoque diluvios espasmódicos. El diablo bebió mi llanto y embriagado le dio al mundo catorce segundos de paz. Lloré. Porque vi el video que tomé aquella ocasión que debido a la lluvia quedamos atrapados una tarde en el VIPs de la procu. Te vi. Perdí la razón, el momento. Y mi mano busco con desesperación la tonadita esa que suena cuando en “Hable con ella” Marco descubre que Alicia está viva. Te descubrí viva mi amor. Después de creerte muerta después de esa dolorosa pérdida que nos partió a la mitad y que abrió una zanja abismal entre tus pies y los míos.
Vi el video sólo tres veces. No caí en mis excesos habituales. Sequé mis lágrimas rojas, mire de frente a tus hijos perdidos en mi habitación. Y me arranque de un jalón todas las venas. Me supo a cobre la boca y me quede dormido un rato. Cuando desperté, a la mañana siguiente, mi cadáver había desaparecido.
(Para ti, pequeña, tú sabes que significa todo)
“Si ella no necesita de mis besos…
…a chingar a su madre, porque he de necesitar yo de los suyos”
Pero sus labios son Oh tan rosas. Tan suaves. Tan breves. No el tipo de labios que quisieras que te hicieran una mamada en el coche. Más bien del tipo de labios que quieres que besen tus heridas después de un combate sangriento. Tipo de labios reconfortantes después de la batalla. De esos que cauterizan y cierran y detienen el fluir de la sangre. Es viernes y tengo ganas de una copa. Es viernes y quiero quitarme la ropa y echarme en la alberca y dejarme morir con un highball sobre una charolita plateada que flote entre los pétalos de buganvilia. Esas pinches flores siempre me han gustado. Tan comunes y tan corrientes. Cayendo sin prisa ni pretensiones entre los arbustos. Cuando era niño las cortaba todas/las reunía en una cubeta que después llenaba con agua. Era un aroma definitorio. Aún me persigue. Ella tiene ese aroma. Perfume de mi infancia. Llega ella. Oliendo a casa de mi abuela, allá en Tlaxcala. Oliendo a patio de preescolar donde a gatas organizamos carreras con cochecitos de plástico y metal. Oliendo a comida que no identifico, pero aun saboreo. Un sabor neutro, a nostalgia concentrada y tiempo. Tiene sabor el tiempo. Sabe a ella.
Estoy triste. Y por triste quiero decir encabronado. Y por encabronado quiero decir nostálgico. Y por nostálgico quiero decir enojado. Y por enojado quiero decir con resaca. Y por con resaca quiero decir con fuego en las manos. Y por con fuego en las manos quiero decir que la amo. Amor caprichoso. Ave de plumas escuetas, pero brillantes. Amo y señor de los sueños húmedos y de las pesadillas. Voz de los infiernos pintados con brillantina. Cáliz de néctar que quema nuestra garganta. Y nuestros zapatos desdentados. Y nuestros puños enraizados en las nubes rojas del delirio. Donde paseamos, donde dormimos rodando sobre la cama, como por pendientes inclinadas. Y toboganes, directo a nuestros intestinos enredados.
El amor es un síntoma. Un síntoma físico de un padecimiento peligroso. La locura.
Me creo y me destruyo. Me reconstruyo con el recuerdo fugaz del aroma de tus pechos. Tienes un lunar junto al pezón derecho. Tus pezones son rosas. Perfectos. Y estallan en el momento indicado. Cuando la ola de semen e impulsos nerviosos cubre tu virginidad aferrada. Íbamos a tener un hijo y en lugar de eso fuimos a dar a un limbo cubierto de plástico. Flores de plástico. Vasos de plástico. Rostros y voces de plástico que nos mostraban caminos sin terminar. Pinceladas equívocas en todos los muros.
No me mataste. Y por eso te odio. Quería morir por tu mano. Bajo el poder de tu puño infantil. Sentirme herido de muerte por tu ausencia. Pero todo paso a medias. Medio doloroso. Medio confuso. Medio aterrador. Ahora sólo lloré una vez. Y lloré, como lloran los hombres cuando mueren sus demonios. Como lloran los escritores cuando han dejado sin palabras sus propios epitafios.
Llore. Maricón de mí. Tú lo dijiste. (Me río de ti, pensarás, no has sacrificado nada. Siempre que escucho esa canción de Hello Seahorse, siento como si me la dedicaras)
Lloré. Reventaron mis pupilas. Inundé mundos enteros. Provoque diluvios espasmódicos. El diablo bebió mi llanto y embriagado le dio al mundo catorce segundos de paz. Lloré. Porque vi el video que tomé aquella ocasión que debido a la lluvia quedamos atrapados una tarde en el VIPs de la procu. Te vi. Perdí la razón, el momento. Y mi mano busco con desesperación la tonadita esa que suena cuando en “Hable con ella” Marco descubre que Alicia está viva. Te descubrí viva mi amor. Después de creerte muerta después de esa dolorosa pérdida que nos partió a la mitad y que abrió una zanja abismal entre tus pies y los míos.
Vi el video sólo tres veces. No caí en mis excesos habituales. Sequé mis lágrimas rojas, mire de frente a tus hijos perdidos en mi habitación. Y me arranque de un jalón todas las venas. Me supo a cobre la boca y me quede dormido un rato. Cuando desperté, a la mañana siguiente, mi cadáver había desaparecido.
(Para ti, pequeña, tú sabes que significa todo)
jueves, 23 de septiembre de 2010
Alrededor de la Medianoche
La luz de cómplice de tu silencio.
Nos acercamos poco a poco/tu mejilla
Mi mejilla/mis labios
Tus labios, temblamos.
Las calles están vacía, nos embarga
El silencio, vacio que detona
Una vez más/los sentimientos.
Vagan mis manos en círculos/por tu espalda
Ti piel, me recibe de nuevo.
El dolor de mis labios desaparece,
El ardor de mis manos encuentra
Donde desbordarse.
No hay nadie en la calle,
No hay nadie/en el mundo sólo tú y yo
Solos tú y yo: paraíso artificial
Efímero y breve.
La humedad nos asalta
En forma de beso/lengua de ángel
Sensual mundo de incoherencia.
Decimos adiós
El adiós más incierto
El más esperanzador
El más imposible.
Nos acercamos poco a poco/tu mejilla
Mi mejilla/mis labios
Tus labios, temblamos.
Las calles están vacía, nos embarga
El silencio, vacio que detona
Una vez más/los sentimientos.
Vagan mis manos en círculos/por tu espalda
Ti piel, me recibe de nuevo.
El dolor de mis labios desaparece,
El ardor de mis manos encuentra
Donde desbordarse.
No hay nadie en la calle,
No hay nadie/en el mundo sólo tú y yo
Solos tú y yo: paraíso artificial
Efímero y breve.
La humedad nos asalta
En forma de beso/lengua de ángel
Sensual mundo de incoherencia.
Decimos adiós
El adiós más incierto
El más esperanzador
El más imposible.
Una Loca Película de Vampiros

Vampire Suck
Jason Friedberg, Aaron Seltzer
[Regency Entreprises, 2010]
1.3
Para que una parodia funcione, el que parodia debe ser más astuto que el que parodiado. La parodia surge de la ingenuidad, de la inocencia del que se toma a si mismo demasiado en serio. Debíamos pensar entonces que quien sea que esté detrás de “Una Loca Película de Vampiros” (Vampire Suck) es un poco más sagaz que Stephanie Meyer y quien sea que esté detrás de la saga de “Crepúsculo”. Pero oh, nasty surprise. They’re even stupider… Twilight, New Moon and all the shit beyond, se toman demasiado en serio, aparentando ser una “saga de amor, romance y sobrenaturalidad” cuando en realida no es más que la una “saga de lujuria, inseguridad y estupidez adolescente” Vámpiros que brillan bajo el sol con cara de víctimas pasadas de abuso infantil ¡Oooh¡ Niñas inmaduras, cuyo (melo)drama proviente de un urgencia casi animal por perder la virginidad ¡Ooooh! Aborigenes que se vuelven (aún más) salvajes al transformarse en híbridos de oso/lobo y que gustan de pasear semidesnudos incluso bajo la fría lluvia de Noviembre. ¡Oooh! Esta historia, repleta hasta la madre de clichés, ideas anticuadas y peligrosamente reaccionarias, podría haber sido objeto de una parodia descarnada, hilarante, salvaje, di-ver-ti-da.
Pero claro…
Es Hollywood después de todo. Los creadores de esta mierda deben comer en los mismos restaurantes que los creadores de la otra mierda. Deben participar en las mismas orgías y vomitar en los mismos retretes. Tal vez, digamos, alguna vez han compartido la misma jeringa de heroína.
Es por eso que el mismo hedor acompaña a ambas películas. Una con el pretexto de llenar de emoción las vidas sin chiste de millones de adolescentes que deberían recurrir mejor a la masturbación. La otra con el pretexto de hacer mofa de una franquicia, (porque eso es Crepúsculo, uno de tantos Oxxos cinematográficos) lanza chistes malos, pésimos y peores a una velocidad que a veces marea y otras simplemente funciona como un sedante.
Somníferos y vómito. Así debió llamarse esta película.
En resumen, vayan a verla si quieren fajar, sino, mejor mastúrbense en casita.
Calificación (no matemática): DS (Dangerous shit)
Reseñas Temporales
Inauguramos, en este prodigioso segundo aire, la sección de Reseñas Temporales. Música, cine, literatura, tv, internet, hasta antros y cafés. Criticaremos todo con la autoridad que nos da tener mejor gusto que la mayoría de la gente. Touché.
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